Durante años, mi objetivo fue bastante claro: ser licenciada, jefa, exitosa y reconocida.
La versión premium del “deber ser”.
Así fui construyendo un personaje fuerte, resolutivo y capaz de sostenerlo todo. Una mezcla entre Iron Woman y Excel con tacones. Y, por supuesto, con una gran necesidad
de tener cada cosa bajo control.
Buscando más herramientas para crecer profesionalmente, decidí estudiar coaching ejecutivo. Sin embargo, me recomendaron comenzar por la formación en coaching ontológico.
Sin saberlo, esa decisión iba a cambiar mucho más que mi carrera.
En paralelo, mi cuerpo empezó a pedirme que frenara. Un síntoma en el útero me llevó a mirar hacia adentro y a hacerme preguntas que hasta ese momento había sabido evitar manteniéndome siempre ocupada.
Empecé a estudiar, a observarme y a revisar mi historia, mis vínculos y mi manera de vivir. Comprendí que detrás de esa mujer tan eficiente también había emociones, heridas y necesidades que debian ser escuchadas.
Poco a poco apareció otra forma de relacionarme conmigo misma, de comunicarme, de amar y de habitar la vida sin tener que demostrar constantemente que podía con todo.
Después llegaron la migración, la soledad y el desafío de volver a empezar lejos de mi país. Experiencias que profundizaron aún más mi camino personal y profesional.
Hoy acompaño procesos desde mi formación, pero también desde mi propia experiencia. No porque tenga todas las respuestas, sino porque conozco lo que significa perderse dentro de un personaje y empezar, de a poco, a volver a una misma.
Mi intención es mostrarte que existe otra forma de vivir: más consciente, más amorosa y más coherente con quien verdaderamente sos.
Porque a veces una crisis no viene a destruir tu vida.
Viene a acercarte a vos.